miércoles, 28 de noviembre de 2007

¿Du llu espic ingliss?

Esto es la carta que escribió una señora al programa de Luis del Olmo para que la leyeran en directo:


Desde que las insignias se llaman pins, los maricones gays, las comidas frí­as lunchs, y los repartos de cine castings, este paí­s no es el mismo: ahora es mucho, muchí­simo más moderno.

Antaño los niños leí­an tebeos en vez de comics, los estudiantes pegaban posters creyendo que eran carteles, los empresarios hací­an negocios en vez de business, y los obreros, tan ordinarios ellos, sacaban la fiambrera al mediodí­a en vez del tupper-ware.

Yo, en el colegio, hice aerobic muchas veces, pero, tonta de mi­, creí­a que hacía gimnasia. Nadie es realmente moderno si no dice cada dí­a cien palabras en inglés. Las cosas, en otro idioma, nos suenan mucho mejor.

Evidentemente, no es lo mismo decir bacon que panceta, aunque tengan la misma grasa, ni vestí­bulo que hall, ni inconveniente que handicap...
Desde ese punto de vista, los españoles somos moderní­simos. Ya no decimos bizcocho, sino plum-cake, ni tenemos sentimientos, sino fellings.

Sacamos tickets, compramos compacs, comemos sandwiches, vamos al pub, practicamos el rappel y el raffting , en lugar de acampar hacemos camping y, cuando vienen los frí­os, nos limpiamos los mocos con kleenex.


Esos cambios de lenguaje han influido en nuestras costumbres y han mejorado mucho nuestro aspecto. Las mujeres no usan medias, sino panties y los hombres no utilizan calzoncillos, sino slips, y después de afeitarse se echan after shave, que deja la cara mucho más fresca que el tónico.

El español moderno ya no corre, porque correr es de cobardes, pero hace footing; no estudia, pero hace masters y nunca consigue aparcar pero siempre encuentra un parking.
El mercado ahora es el marketing; el autoservicio, el self-service; el escalafón, el ranking y el representante, el manager. Los importantes son vips, los auriculares walkman, los puestos de venta stands, los ejecutivos yuppies; las niñeras baby-sitters, y hasta nannies, cuando el hablante moderno es, además, un pijo irredento.


En la oficina, el jefe esta siempre en meetings o brain storms, casi siempre con la public-relations, mientras la assistant enví­a mailings y organiza trainings; luego se irá al gimnasio a hacer gim-jazz, y se encontrará con todas las de la jet, que vienen de hacerse liftings, y con alguna top-model amante del yoghurt light y el body-fitness.

El arcaico aperitivo ha dado paso a los cocktails, donde se jartan a bitter y a roast-beef que, aunque parezca lo mismo, engorda mucho menos que la carne.

Ustedes, sin ir más lejos trabajan en un magazine, no en un programa. En la tele, cuando el presentador dice varias veces la palabra O.K. y baila como un trompo por el escenario la cosa se llama show, bien distinto, como saben ustedes, del anticuado espectáculo; si el show es heavy es que contiene carnaza y si es reality parece el difunto diario El Caso, pero en moderno.
Entre medias, por supuesto, ya no ponen anuncios, sino spots que, aparte de ser mejores, te permiten hacer zapping.
Estas cosas enriquecen mucho.

Para ser ricos del todo, y quitarnos el complejo tercermundista que
tuvimos en otros tiempos, solo nos queda decir con acento americano la única palabra que el español ha exportado al mundo: la palabra 'SIESTA.'

Espero que os haya gustado... yo antes de leerlo no sabí­a si tení­a
stress o es que estaba hasta los cojones.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Filosofo aleman

Peter Sloterdijk, filósofo

"Como animales, hemos fracasado"

Tengo 60 años. Nací y vivo en Karlsruhe (Alemania). Soy filósofo. Soy rector de la Universidad de Creación de Karlsruhe. Tengo una hija de 14 años. ¿Política? Migramos de la cueva a la ciudad, y seguimos migrando. ¿Dios? Está celoso de nosotros porque no le hacemos caso

¿Qué preferiría hacer ahora en vez de esta entrevista?Lo que ahora quiero hacer es lo que estoy haciendo.

¿Cuándo sintió que sería filósofo? ¿Cuándo sintió Ratzinger que sería Papa?

¿Es comparable? Hay indicios, 25 años atrás, que sugieren que Ratzinger ya lo pensaba. ¡Todos vivimos, en parte, de anticipaciones de nosotros mismos!

¿Tuvo temprana ambición de filosofar? Pero descubrí que nada de lo que leía lograba convencerme. Todo era demasiado… ordenado, epidérmico, mediocre, democrático, mesocrático, puré recalentado… ¡Pálido!

¿Y qué hizo? Me largué a la India. Fue una ofrenda de juventud, fue mi último acto romántico.

¿Por qué a la India? Por haber leído a Hesse. Por creer que el espíritu sopla desde Oriente. Por ser de la retaguardia del 68. Me acerqué al gurú Osho…

¿Y allí se convenció de algo? ¡Es fácil convencerse si te brindan el revolucionario cóctel de sexo más iluminación! Tuve atisbos, volví a casa con ganas de desenredar intuiciones y dudas, y publiqué mi Crítica de la razón cínica. Y luego 200 libros más.

¿De que está ahora convencido? ¡De la necesidad de civilizar la cultura, todas las culturas!

¿Nos queda mucho para alcanzar eso? Como animales, hemos fracasado. Hemos salido de la naturaleza y somos una existencia extática, pues estamos a la vez dentro y fuera…

¿Entre dos mundos? Entre la naturaleza y los monstruos. Las ciencias naturales estudian la naturaleza… y luego está la monstruología, de la que la teología es una rama.

¿Llama monstruo a Dios? El principal talento del animal humano es el de crear monstruos. Y Dios es uno: somos un animal que crea dioses. Creamos dioses.

Pero seguimos siendo animales.Un animal hiperbólico. Somos una exageración. Tú estás en ti y, a la vez, estás a tu lado, como testigo de ti. Es como si tuvieses un orificio en la cabeza por el que entra el otro. ¡Vivir como humano es ser observado!

Y en una vida como animal, ¿cuál sería? ¡Un elefante indio! ¡Eso lo sé desde siempre!

¿Por qué? No sé, es una evidencia innata, ja, ja…

¿Filosofar es un modo de humorismo?

Lo cómico y lo sublime son derivados de la monstruosa dimensión del existir humano.

¿Y el miedo? ¿A qué teme, Sloterdijk?
A no disponer del tiempo para culminar mis anticipaciones. Eso en lo personal…

¿Y en lo colectivo?
A que las tensiones mundiales sigan aumentando: ¡la aguja del manómetro político está acercándose a la zona roja!

¿Y aquí? España es la tensión entre dos nacionalismos: el unitarista y los periféricos.
El Estado nación es hijo de los medios impresos: los escribientes forjaron las naciones. Y son tan artificiales que tienen que afirmarse mediante unitarismos histéricos… ¡Europa es una docena de histerias! Que de sus senos emerja un pluralismo creciente resulta fértil.

¿Lograremos alcanzar la felicidad?
En vez de querer alcanzar la felicidad corriendo tras ella, párate un ratito para que la felicidad pueda alcanzarte a ti.

¡Procuraré recordarlo!
Sucede igual con la verdad: solemos encontrarla en cuanto reducimos la inversión que hacemos en no reconocerla.

Somos grandes inversores en infelicidad... Somos los esmerados intérpretes de una comedia, la comedia de la necesidad: no paramos de inventar problemas.

¿Por qué somos así?
Porque provenimos de Necesitania, continente en que todo era necesidad, y hemos evolucionado hacia Posibilitania, este continente en que todo es posibilidad. Y tener que andar siempre eligiendo… ¡es muy torturante!

Me pasa con la carta de los restaurantes. La primera vez que fui a América me dieron a elegir entre doce salsas, ¡y casi lloro, desesperado! Por primera vez en la historia de la humanidad ¡hay añoranzas de Necesitania!

Con lo que nos ha costado huir de allí... Este continente, tan rebosante de posibilidades, nos resulta a la vez tan incontrolable…

Pero aún quedan islas de necesidad, y allá acuden los cooperantes de las ONG…

Que tienen que elegir entre quedarse en Necesitania o traerse a sus habitantes a Posibilitania, este continente en que nos complicamos la vida con listas de posibilidades que te obligan a sentir deseos que antes no conocías.

Posibilitania es también Deseolandia, así. Es un continente en el que, para ser libre, hay que aprender a desear y elegir bien.

¿Es lo que usted llama posthumanismo? El humanismo corresponde a la cultura impresa, al libro. El posthumanismo corresponde a la cultura audiovisual, a la pantalla. Y aquí estamos viviendo ya, globalmente.

Y... ¿habrá una posglobalización?
Vaya, va usted muy lejos... Bien, digamos que de culminar la globalización con un apocalipsis... bien pudiera haber un postapocalipsis.

Descríbame el postapocalipsis.
Si ahora vamos hacia la alta velocidad y la sincronización de todos los humanos, el postapocalipsis consistirá en un mundo más lento y en una desincronización entre los humanos.

jueves, 15 de noviembre de 2007

Noticia sobre la Behobia-San Sebastián en el periódico EL MUNDO

BEHOBIA-SAN SEBASTIÁN

http://www.elmundo.es/elmundodeporte/2007/11/12/masdeporte/1194894300.html

Entre 'abertzales' y a la carrera
• Dos periodistas de EL MUNDO corren los 20 kilómetros de esta competición popular
• Deporte, independentismo y manifestaciones proetarras, mezcladas a partes iguales

Reivindicaciones de los familiares de los presos de ETA. (Foto: J.F. y E.S.)
Actualizado martes 13/11/2007 16:23 (CET)

JUAN FORNIELES | EDUARDO SUÁREZ

SAN SEBASTIÁN.- San Sebastián se sometió el pasado domingo a una invasión consentida: 14.000 corredores venidos de toda España inundaron sus calles para participar en la Behobia-Sebastián, tal vez la carrera de 20 kilómetros con más tirón del calendario por la belleza del paisaje por el que transcurre, el calor humano que se respira en ella y el incansable –y en ocasiones siniestro- carácter reivindicativo que la envuelve.
Son las nueve y media de la mañana. Siguiendo las indicaciones de la organización -el prestigioso Club Deportivo Fortuna-, nos dirigimos a la línea de salida en el Euskotren. Aborregados y entre efluvios de Reflex, partimos con una puntualidad que para sí quisieran los usuarios de RENFE en Barcelona.
El viejo tren deja Amara para adentrarse en el corazón industrial donostiarra: Pasajes, Oyartzun... Nombres de localidades donde la libertad política está en entredicho y donde la lucha callejera y las manifestaciones proetarras son moneda corriente.
Nos bajamos del tren en Irún y nos montamos en un autobús que hace una pequeña 'tournée' por la localidad fronteriza de Hendaya. Un pequeño garbeo por Francia antes de dejarnos en la salida, junto al Puente Internacional.
Un par de trotes para entrar en calor y empezamos a ver que desentonamos. Nuestro idioma es puramente minoritario. Miles de corredores hablan vasco con fluidez, lo que aleja la creencia de tantos de que ésta es una lengua muerta que sólo tiene vida en los caseríos de valles recónditos. El segundo idioma es el francés y muy cerquita se encuentran el español y el catalán, representado por clubes atléticos de Gerona o Mataró. Algunos de ellos participan especialmente del ambiente independentista de la prueba.
Nuestras miradas de periodistas no dejan de llenarse con pequeños detalles. Minutos antes de empezar posamos frente al Mesón El Faisán, un restaurante fronterizo que meses atrás fue clausurado por el juez Grande-Marlaska por ser parte del entramado financiero de ETA y que dio origen a decenas de informaciones sobre un chivatazo policial a la banda terrorista.
Seguimos el carrusel fotográfico fijándonos en deportistas que lucen dorsales en los que exigen la libertad de los presos terroristas o, al menos, que cumplan las penas en el País Vasco. Hay catalanes que se suman al coro con sus propias propuestas: "Una nació, una selecció", corean pensando en sus combinados de hockey, fútbol y fútbol sala.
Intentamos volver a concentrarnos en la competición porque ya han comenzado las salidas parciales. Primero, el cajón de los 'máquinas' (Martín Fiz, Chema Martínez, Kamal Ziani, Sarah Kerubo…); luego, los que aspiran a bajar de la hora y media… Y así hasta llegar a nosotros, que damos las primeras zancadas sobre el río Bidasoa persiguiendo a la 'liebre' que lleva el globo con la leyenda 'Más de dos horas'.
Arrancamos muy apiñaditos por la Nacional I, pasamos por el centro de Irún y ya comenzamos a sentir el calor humano de los espectadores, asignatura en la que los guipuzcoanos sacan matrícula de honor. Tras los primeros aplausos, el pelotón se estira. Nosotros aceleramos rozando unos más que conservadores cinco minutos por kilómetro.
Antes de llegar al avituallamiento del kilómetro 5, y muy cerca de Ventas, pasamos junto a un desvencijado caserío que nos recibe con música vasca a todo volumen. Una especie de mezcla de 'txalaparta' electrónica con acordeón que nos ayuda a apretar el paso todavía más.
En el kilómetro 8 rematamos el repechón de Gaintxurizketa (89 metros) y empezamos a disfrutar de la zona de toboganes que desembocan en la industrial Lezo. A la entrada del pueblo nos espera un grupo de familiares de presos etarras con sus correspondientes fotografías. Gritan por la libertad de sus héroes, de sus 'gudaris', de sus encarcelados políticos y, cómo no, lo hacen ante una audiencia que les aplaude y corea con ellos 'Gora Euskadi askatuta'.
Salvamos el escollo reinvindicativo pero entre la serpiente de corredores se siguen colando deportistas que llevan colgadas con imperdibles imágenes de sus parientes entre rejas. "Yo corro por Jon, yo por Mikel, yo por Amaia...". Evidentemente, la mayoría lleva un 'look abertzale' que nos recuerda a los miembros de la Mesa Nacional de Batasuna o a los dirigentes de ANV: melena larga, muchos pendientes, mostacho sublabial...
Para superar el rompepiernas de Lezo nos distraemos fijándonos aún más en los que corren disfrazados, otra de las tradiciones de esta competición. Los hay vestidos de payaso vasco, de preso, de cocinero e, incluso, uno que va desnudo. Cualquier cosa con tal de despistar a la fatiga y a las lesiones.
Olvidado el ecuador, en el kilómetro 12 descubrimos la bajada al puerto de Pasajes (Pasaia). La 'grande boucle' multicolor discurre entre camiones de gran tonelaje y cargueros repletos de toneladas de madera. A pocos metros de los asistentes que nos gritan "aupa, venga, ya falta poco..." vemos a un humilde guardia civil, la única autoridad '100% española' que ha tenido el coraje de contemplarnos en primera línea mientras hacía su ronda. Eso sí, tan rígido él, parecía completamente fuera de lugar entre tanta euforia secesionista.
Tras engullir un gel hipercalórico con cafeína y una bebida isotónica en pleno trote –hagan la prueba y verán que es bastante difícil-, el barrio de Trintxerpe nos recibe con música autóctona en directo, chistularis, tamboriles y acordeones, todo un lujo para nuestras sudadas y concentradas cabezas.
En el kilómetro 17 nos espera el último escollo, el Alto de Miracruz. Ya estamos en la ciudad y, permítannos la ligereza, ya tenemos la carrera casi acabada. Ahora queda una gran bajada y una recta de postal.
El cordón humano formado por el público del Barrio del Gros pone la carne de gallina. Ya prácticamente han dejado de asombrarnos las ikurriñas y los portadores de carteles con mensajes relacionados con la banda terrorista ETA. Son desgraciadamente parte de un paisaje de imposible normalidad. Giramos a mano izquierda y ya volamos por la playa de la Zurriola. Seguro que mientras nosotros estamos sudando la gota gorda cientos de surferos armados con traje de neopreno esperan una ola que justifique el baño en el frío del Cantábrico.
Pasamos a toda mecha el modernísimo y polivalente Kursaal. Las piernas duelen menos con los gritos del público. Más animados que nunca y con cierto aire de ilusos, aceleramos al máximo, como si la media de la carrera dependiera de este sprint. Como si lleváramos las alas de una conocida bebida isotónica enlatada, entramos bajo el arco cronometrado con la mejor de nuestras sonrisas, lo hemos conseguido. Eduardo, en 1:38.14; Juan, en 1.45.50.
En pleno Boulevard de San Sebastián, caminamos unos metros más para estirar y quitarnos el chip que controla nuestros tiempos –que no nuestros pensamientos- y para recibir un refrigerio. A nuestra derecha queda la Alcaldía. Ni que decir tiene que la fachada color tierra de La Concha no luce la bandera española –o nosotros no la vimos-. Imaginamos que al bueno de Odón Elorza –en la cola como un atleta más en la recogida de dorsales- simplemente se le olvidó.